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5/4/13

El pajarito por Oswaldo Páez-Pumar


Desde que Carlos Marx acuñó la frase “la religión es el opio del pueblo” sus seguidores han practicado la creación del santoral comunista. La lista la encabeza Lenin y sigue Stalin, que fue sin duda uno de los mayores criminales de la historia de la humanidad. Los llevados a los altares pueden ser olvidados deliberadamente por el gobierno, como ocurre con Mao en China, pero jamás se les desenmascara porque el mito popular conserva sus adeptos y porque pueden llegar a ser utilizados de nuevo.

El proceso de santificación lo inician, a diferencia de lo que ocurre en el cristianismo, no después de la muerte sino durante la vida y debe haber concluido para cuando llegue la muerte. Los tres ya mencionados fueron deificados en vida, como lo ha sido Castro. Se pretendió con Chávez, aunque su corta vida quizá impidió lograr el objetivo a pesar de los recursos económicos, las cadenas y sobre todo la existencia de esa cofradía que le rodeaba que era capaz, para la construcción del mito, de aceptar la responsabilidad que él les atribuía por todas las ineficacias y fracasos en los planes, de manera que él fuera liberado de toda responsabilidad y que el pueblo atribuyera la culpa a sus colaboradores.

Por eso el proceso de santificación ha continuado después de su muerte ya que entre los responsables de lo malo que ocurría estuvo y está Maduro, que fue el escogido para sucederle y la escogencia también necesita que la cubra el manto de la santidad. El proceso no es una línea continua sino sinuosa, porque estos militantes del ateísmo como conocen que el sentimiento religioso y la creencia en Dios es la característica más generalizada entre los seres humanos la usan aunque la rechacen. Oímos al mismo tiempo a Isaías Rodríguez que cuenta su encuentro místico con el difunto Chávez mientras Mario Silva, reafirma su condición de ateo al tiempo que califica a Dios como “el más grande hijo de puta”.

En esa deificación, además de la blasfemia de Silva, hay tres hitos mágico-religiosos el de Isaías, la supuesta intervención desde el cielo para la escogencia de un Papa latinoamericano (¿por qué no venezolano, si la influencia es real?), y el pajarito de Maduro, que aunque llame a risa, hay que tomarlo en serio pues está orientado, perversamente, a los estratos de menor nivel educativo, donde la religión y la magia se confunden.

Caracas, 4 de abril de 2013

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