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28/10/11

La pelea es la misma por Oswaldo Páez-Pumar



He tenido la fortuna de leer un artículo de Yoanis Sánchez, la disidente cubana. Todo el artículo está lleno de hermosas verdades, pero lo que más me cautivó fue esta frase: “yo aprendí hace tiempo que la mejor vía para despistar la “seguridad” es hacer público todo lo que pienso, no esconder nada”. Yo me crié con esa premisa. No solo en la educación escolar donde decir la verdad era altamente estimado, sino en la familiar, donde eran aún más estimados los tres años de grillos y Rotunda que le costó a mi padre escribirle a J.V. Gómez “… es de hombres, y de honradez y patriotismo, decir lo que se siente, escribir lo que se piensa y cualesquiera que sean las consecuencias autorizarlo todo con la propia firma”.

La historia está llena de estos decires. No hace mucho en la prensa el doctor Rafael Muci Mendoza, enfrentando la práctica de los correos electrónicos que ordenan que se borre el nombre del remitente, antes de hacer el reenvío, pedía que el suyo no se borrara, que se supiera que era él quien escribía.

Muchos años atrás Francisco de Quevedo en su Epístola Satírica y Censoria plasmó el concepto en estos dos aleccionadores tercetos: “No he callar por más que con el dedo/ ya tocando la boca ya la frente/ silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente/siempre se ha de sentir lo que se dice/nunca se ha de decir lo que se siente?”.

Escribo esas pequeñas reflexiones porque me parece que la causa que originó esa práctica, junto con la de la remisión con copia oculta, perseguía el objetivo de evitar la interferencia de los correos por parte de los “hackers”; pero no pudo ser nunca hacer de nuestros escritos y opiniones una suerte de panfletos anónimos.

Desde hace muchos años, acostumbrado como estoy por mi profesión de abogado a recibir información confidencial y a tratar mis respuestas con la misma condición, formulé para mis escritos no profesionales una presentación antinómica que dice así: “este no es un documento legal ni confidencial aunque si emitido por un escritorio de abogados, mejor dicho por uno de sus miembros. Su contenido si puede ser usado, copiado o divulgado.”

Desgraciadamente, carezco de la disciplina para que todos mis escritos, expresión de hombre libre, se transmitan con la fórmula citada y muchas veces circulan en el formato propio de la presentación de mis trabajos profesionales, pero quiero decirle a todos aquellos a quienes pueda llegarle éste o cualquiera otro artículo contentivo de mis opiniones, por envío propio o por recibirlo de un tercero, que pueden reproducirlo, citarlo o glosarlo sin ocultar mi nombre.

Invito a mis compatriotas a hacer suya la práctica de Yoanis. Hay riesgos. Mi tocayo Oswaldo Álvarez Paz los sufrió, pero fue tanta la fuerza de la presencia de quien no teme decir la verdad, que los jueces caracterizados por su autonomía del poder ejecutivo, “decidieron por sí solos” aplicar la Constitución y juzgarlo en libertad.

Es el gobierno el que está lleno de temores, el de Chávez y el de Castro, por eso es el despliegue de represiones y amenazas como lo denuncia Yoanis, que señala que “Raúl Castro ha incrementado la policía política y la ha equipado con la más avanzada tecnología para monitorear la vida de sus críticos”. Ayudémoslo a conocer lo que pensamos.

Caracas, 11 de octubre de 2011

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