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4/12/12

¡QUE RENUNCIE YA! Por Luis Betancourt Oteyza


“Unidad no es confusión, ni solidaridad es complicidad”
“Exclamación de copeyanos contra la avalancha pragmática del “Tigre”  Eduardo Fernández”

Hugo Chávez se fue a La Habana y no ha vuelto más. Se fue entre gallos y medianoche, como es el estilo de quienes se esconden en los momentos de aprieto. Como excusa de su nuevo viaje se nos han dicho mentiras, como siempre. Se nos habla de tratamientos hiperbólicos que al final resultan bolserías que no sirven para nada en el caso de enfermos terminales de cáncer. El hecho es que no pudo asistir a la última vergüenza de nuestras FAN: la celebración del acto de felonía que se cebó en la propia Academia de los pilotos que volaban ese 27 de noviembre de 1992, como manifestación de un odio inculcado a la que les sirvió de Alma Mater, la negación de la cordura y la nobleza. En aquella fecha luctuosa, como bien la calificó Fernando Ochoa Antich, se perdió un avión, un Bronco, que se estrelló sobre La Carlota en Caracas; en la celebración frustrada estrellaron 4: dos Broncos la víspera, un transporte chino antiimperialista del nuevo Imperio chino y un helicóptero Cougar, de factura francesa ¡Un éxito militar, para unos militares sin vergüenza! Pero lo más resaltante fueron las palabras rastreras del marino ministro del ramo, una vergüenza mayor. No sé si en el interior de las FAN han considerado estos hechos y si les parecen propios de oficiales profesionales y serios, espero que no.

Paralelamente a estas anécdotas, la sociedad asiste a un sainete que escenifican oficialistas y opositores mientras el país se anarquiza cada vez más, se hunde en la anomia, se desarticula como Estado y empieza a verse amenazada la Nación. Nunca Venezuela había llegado a los extremos trágicos de hoy; ni siquiera durante los más peligrosos y sangrientos conflictos armados del siglo XIX. Aquellas fueron batallas a machete entre peones de haciendas comandadas por generales “repollo”, pero comandados al fin. Lo que vivimos hoy es un “sálvese quien pueda”, mientras, los llamados a dirigir los dos sectores de la población parecen estar pendientes del sexo de los ángeles: las elecciones regionales. De ellos definitivamente no saldrá ni la paz ni la solución para los venezolanos.
El problema central es Hugo Chávez; enfermo terminal, incapaz de dirigir nada ni retomar el impulso del proceso de destrucción que inició en 1992. Sus cómplices, en el gobierno, Asamblea, TSJ y tribunales, Fiscalía, Contraloría, Defensoría, FAN y CNE, siguen la inercia de los acontecimientos con el audaz cálculo que la muerte de su líder les permitirá mantener su poder por un tiempo, o al menos salvar las bienhechurías mal habidas. Muchos han tomado sus previsiones, como lo intentó la familia Gadhafi, y han colocado a resguardo “ahorros”, mientras otros invierten por mampuesto en quintas y haciendas, en espera de que luego de la tormenta escampe, como tantas veces ha ocurrido en Venezuela. Todos cavilan pero con ánimo.

Mientras tanto, los que se oponen al chavismo juegan a las posiciones menores del Estado en manos de un árbitro espurio, tramposo, parcial y descarado con la esperanza de que esta vez les permitan mejores resultados que en la anterior. Para no enrarecer demasiado el ambiente deportivo que se han diseñado, hacen votos para que “…la persona del Jefe del Estado recobre su salud plenamente.”, como reza el comunicado de la MUD recogido por la prensa el 28 de noviembre pasado. Me pregunto: ¿Para qué quieren que recobre la salud quien ha destruido las instituciones de la patria, anulada su soberanía en entrega insólita al Tirano cubano, despilfarrado la mejor oportunidad de desarrollo que ha tenido Venezuela desde 1830, encarcelado y torturado a hombres y mujeres dignas sin piedad ni justicia, destruidas sus honorables Fuerzas Armadas, alcahueteado la narcoguerrilla en nuestro suelo, sembrado el mapa de cadáveres con el estímulo del resentimiento y el odio entre venezolanos? ¿Para qué? ¿Se lo creerán ellos? ¿Por qué estos ejercicios de  “pierde tiempo”?

¿Qué hay detrás de todas estas maromas, de lado y lado?
Aquí lo que se impone es la exigencia al presidente que renuncie, que ya está bien; el nombramiento de un nuevo CNE, serio, imparcial y honesto que purgue el REP, regale las máquinas de votar a las loterías, que es para lo que se diseñaron, y organice una renovación general y total de las Instituciones. ¿Qué eso no es posible con el juego actual? ¡Claro que no! Por eso hace falta otra vez una Junta Patriótica ¡Ya basta!

Caracas, 4 de diciembre de 2012                             

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